En Deriva, la forma parece abandonarse por completo al movimiento del mar. La línea asciende, se curva, se entrelaza y continúa su recorrido sin un destino definido, como una alga flotando libremente entre las corrientes. La pieza nace de la belleza de dejarse llevar. De aceptar el movimiento, seguir su ritmo y permitir que el camino se revele poco a poco. Una interpretación minimalista y orgánica del mar, realizada a mano con lana merina.